Por: Juliana Caicedo López
San Cipriano, un pueblo
pequeño situado a 3 km del municipio de Córdoba, la única forma de llegar a él
es a través de una bruja, un carro de balineras que se desliza con gran
velocidad por las vías del tren; la ruta bordea paredes tapizadas de todas las
tonalidades de verde, maravillosas caídas de agua que salen de entre las montañas,
palmas de chontaduro, flores silvestres, personas pasando y saludado cual
amigos. Este es un lugar maravilloso para ir a pasar un fin de semana
inolvidable, con 8.564 hectáreas y 577 habitantes, que harán de la visita una
estadía sin igual, con paisajes hermosos, aventura al máximo, comida deliciosa
y gente amable.
Se puede encontrar el Rio san Cipriano y Escalerete, que es el segundo río más cristalino y puro del mundo, declarado así en 1981; grandes cascadas, piscinas naturales de más de 15 metros de profundidad e infinidad de senderos ecológicos, la práctica del tubbing en el rio, que es un neumático que hace función como flotador, suben los senderos monte arriba con él y luego descienden por la corriente del río; esta es una práctica muy común para los habitantes y visitantes de la zona. Es un lugar ideal para el descanso y disfrute de la naturaleza.
Este pulmón del Valle del
Cauca, cuenta con una gran biodiversidad de especies de flora y fauna. Dentro
de la flora están el sande, chanol, chaquiro, popa, sangre gallina, entre
otros; en la fauna podemos encontrar tigres, leones, armadillos, guatines,
tucanes, y mucho más adentro de la selva, pumas, osos perezosos, y más. La
reserva cuenta con once charcos y tres cascadas, pero no todos son de fácil accesibilidad.
El lugar es un bosque húmedo
tropical, con una temperatura media de 29°C, la altura sobre el nivel del mar
mínima es de 100 mts y máxima es de 120 mts, tiene una precipitación media de
6.574 mm/año.
Los turistas tienen 3.500
metros de la reserva a su disposición, por donde se pueden realizar caminatas
por senderos que se conectan unos con otros, el lugar presenta 89
establecimientos de hospedaje, restaurantes, bares, tiendas y discotecas.
La gastronomía de la región
se caracteriza por la variedad de platos de comida de mar y de río, las
personas nativas son las únicas que tiene derecho a pescar en el río, pero
sólo para su consumo personal, no para la distribución, ni para la venta; los
establecimientos de comida traen sus productos desde Buenaventura, por eso casi
no se consigue carne, porque traerla desde allá sale más costoso, además ¿Quién va al pacifico a comer carne?, por eso los platos típicos son con pescado. Uno de
los clásicos es el "Encocado de muchillá", un tipo de camarón de río preparado con sala de coco y cocinado a fuego lento. Las bebidas espirituosas típicas de la zona son, el viche (licor a base de caña de azúcar), el tumbacatre (la palabra habla por sí sola) o el arrechón (también llamado el viagra del Pacífico). A medio camino en vagoneta desde Córdoba y en diversos puntos de San Cipriano los lugareños venden estas bebidas tradicionales.
La economía de la zona la
mueve únicamente el turismo, el cual inició en 1960, en promedio, el lugar
puede recibir hasta 10.000 personas en un fin de semana, y si se dedican a
hacer otra cosa, tendrían que abandonar el turismo, pues es algo que no se
puede manejar solo y que es de mucho cuidado, entonces todas las personas
nativas, que viven allá, giran en torno a él.
La CVC, Corporación Autónoma
del Valle del Cauca, es la entidad ambiental que está a cargo del
funcionamiento de la zona y de todo el departamento, en cuestiones ambientales;
otras organizaciones que se encuentran involucradas en el lugar son: la Junta
de Acción Comunal, la Fundación San Cipriano, el Consejo Comunitario de
Córdoba, San Cipriano y Santa Helena, COEXAM, entre otras.
San Cipriano fue declarado Reserva Forestal Protectora de los ríos Escalerete y San Cipriano en 1979,
generando con esto menos impactos ambientales en la región, y aumentando el
nivel de turismo que ya se venía presentando.
La Reserva tiene varias
personas a su cargo, como el señor Orlando Valencia, que es el guardabosques y
es él quien conoce perfectamente la zona, sabe lo que pasa y sabe lo que debe
hacer cuando se presenta algún problema, también están los señores que velan
por la seguridad del pueblo, pero estos no son ni policías, ni vigilantes, ni
alguaciles, ni nada, sólo son personas con conocimiento de la zona y el manejo de problemas, claro está que por ser un lugar tan pequeño y agradable,
no se generan problemas de ninguna índole, claro que hay excepciones, pero eso
pasa en todas partes y los métodos de castigar a quien cometa alguna
infracción, son muy drásticos y severos; diferentes a los de la ciudad.
Los hombres trabajan en los
recorridos de las "moto brujas", las mujeres en los establecimientos de
alojamiento, restaurantes y tiendas, y algunos niños salen a ayudarles a los
turistas con las maletas para recibir algún dinero a cambio.
Las personas son muy
agradables y fiesteras, aunque también tienen un genio y una forma de pensar
diferente a la de nosotros, por eso es bueno tratarlos bien y no ser ofensivos
ni discriminativos con las palabras, generalmente, hay locales donde no para la
fiesta, es decir, siempre hay personas tomando, bailando y escuchando música,
de día y de noche; por eso es un lugar alegre y pachanguero.
La zona sufrió un gran cambio
y una significante pérdida del caudal del río debido a la invasión de la
minería ilegal al lugar, hace muchos años llegaron unos mineros en busca de los
materiales valiosos que se encontraban en el fondo del río Dagua, en su búsqueda,
destruyeron el ecosistema presente, dejaron escombros los cuales perdurarán
años ahí antes de que se desintegren, el caudal del río por ese paso
disminuyó, se presentaron problemas
respiratorios y enfermedades de distintos tipos en la comunidad, por poco
destruyen la vía del tren, pues hay un pedazo en el que se puede observar que
por un centímetro se llevan la vía con una máquina excavadora. Es muy diferente
la minería ilegal y común que la minería artesanal, esta segunda se práctica
constantemente en el sitio, por los habitantes, que andan por la reserva con
sus bateas en las cabezas y con palas en sus manos para extraer el oro en
pequeñas cantidades y así evitar daños en los ríos; la otra minería, busca los
materiales en grande y así daña mas el lugar. Se pueden observar cuando se va en "las brujas" de Córdoba a San Cipriano, los huecos en la tierra o las
desviaciones del río Dagua. Después de
ese problema, y cuando ya no pudieron sacar más, se fueron, y lo único que
dejaron fueron destrucción y problemas para los habitantes del lugar; pero al
pasar del tiempo se han ido recuperando poco a poco, volviendo a surgir y con
ayuda de los turistas, siguen progresando.
Buenaventura, y con ella San Cipriano, no se reponen de las condiciones de extrema pobreza, desgreño administrativo y abandono estatal, que ya parecen ser el emblema de una región rica en recursos y con uno de los más bellos paraísos que pueda conocer un colombiano dentro de los límites del país.
A pesar de todo lo que ha vivido esta zona, ha podido sobrevivir y desenvolverse de una manera eficaz, sigue siendo reconocida y visitada por distintos tipos de turistas de diferentes partes del mundo, su río sigue siendo hermoso, y las personas siguen teniendo la misma alegría que los caracteriza.
Antes de realizar este
viaje, uno se pregunta, ¿Qué es lo especial que tiene el lugar?, ¿Por qué la
gente lo visita tanto?, ¿Sólo por el río?, ¿Por los chorros? ¿O qué es lo que
tiene que llama tanto la atención? Pues, esas preguntas no tienen una respuesta
fija, solo las responde cada persona cuando va
allá y experimenta todo eso, cuando ve y vive diferentes circunstancias;
no a todas las personas les causa la misma impresión, a algunos les gusta más
que a otros, pero eso está en cada quien y en los gustos que tenga.
Sencillamente un lugar
maravilloso, todo el que va allá, se ensucia, se moja, suda, se cae, es
decir va es a pasar trabajo, pero esa es la experiencia de San Cipriano, esa es
la verdadera esencia de realizar este espectacular viaje, con los animales
haciendo sonidos prácticamente al lado de uno, con el miedo de que lo muerda una
serpiente o lo pique un bicho raro, con la adrenalina por las actividades que se
practican en el río, etc.; esa es la gracia del viaje.
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