Por:Juliana Caicedo López
Era sábado por la mañana, estaba lloviendo, era uno de esos días en los que prefieres quedarte acurrucado en la cama, con la colcha hasta el cuello y abrazando a uno de tus peluches favoritos, pero no, este sábado era diferente porque tenía un viaje planeado desde hacía ya dos meses o quizás más con los compañeros de la universidad, era una salida académica, tenía que estar en la universidad a las 6:00 am en punto, ni un minuto más, ni un minuto menos, pero como siempre esto nunca resulta, los profesores que nos iban a acompañar llegaron después de lo planeado(no todos), así que por ende salimos a una hora diferente a la predispuesta.
Salimos a las 6:30 de la universidad, y fue ahí donde empezó este maravilloso e inusual viaje…
El destino era San Cipriano, un pueblito que estaba en medio de la selva del Valle del Cauca, en el camino paramos en la Uribe para desayunar unos deliciosos huevos revueltos con empanada, pan de yuca y arepa, el profesor de buena gente dijo que él nos invitaba a todos así que nos aprovechamos y algunos pidieron unas cosas que parecían hasta almuerzo, allí también nos estaba esperando el guía que nos acompañaría por el resto del viaje; siguiendo el recorrido, pasamos por el Lago Calima, pero allí solo paramos a observarlo y tomarnos fotos, me pareció espectacular, yo nunca lo había visto, ni siquiera en fotos, así que el impacto que generó en mí fue mayor; después fue la llegada al muelle de Buenaventura, para ello tuvimos que atravesar toda la ciudad, la cual desde mi punto de vista no es tan hermosa ni agradable, además del calor y la humedad tan impresionante que hacía allá, todos nos sentíamos pegachentos, yo tenía unas ganas de darme un suculento baño con agua helada y no salir nunca, pero no se podía, unos compañeros no resistieron mas y se tiraron al mar, el cual no era tan bonito que digamos, pero bueno, mis tres amigas y yo que somos tan inteligentes, decidimos comprarnos un ceviche de mango, en vez de comprar un helado o un jugo bien frío, nos dio antojo de mango y después estábamos desesperadas buscando agua, compramos como cinco botellas de agua y cuatro bolsas y aún así no nos dio abasto… ¡Que calor tan impresionante!.
Después de salir del muelle debíamos pasar por nuestra otra amiga, que se había quedado unas cuadras antes visitando a unos familiares, y he ahí el problema porque de regreso nos devolvimos por otra carretera diferente a la de ida, y ella no sabía, y para colmo no tenía celular porque semanas antes se le había perdido, la única fuente de comunicación era con la tía, el profesor ya estaba sudando de lo preocupado que estaba, y pues claro, porque cualquier cosa que le pase a alguno de nosotros, recae sobre ellos, pero bueno, menos mal que yo había recargado el celular porque o si no, no sé cómo hubiéramos hecho, al final le dijimos a la tía que la buscara y que le dijera que se fuera hasta Córdoba que ahí la íbamos a esperar; en Córdoba estaban las "brujas" o "moto brujas", unos carritos de madera con balineras impulsados por una moto que se deslizaba por las vías del tren, nuestra amiga alcanzó a llegar antes de que arrancáramos… ¡Qué alivio!. A mi casi se me sale el corazón en esas "brujas", bueno no tan literal, pero se sentía regio como el viento golpeaba mi cara y me despelucaba el pelo, cuando pasábamos lo puentes que habían en la vía, se sentía como si estuviéramos volando, ojala todos los medios de transporte fueran así.
Pasados unos cuarenta minutos, llegamos al pueblo de San Cipriano, no era nada como me lo imaginaba, al llegar allá se me olvidó por completo todo lo que me había imaginado del lugar, el sitio era pequeño, agradable y sin nada de lujos, las personas eran de raza negra y pude notar la presencia de una gran cantidad de niños, no sé cual sea la razón. Por ser la primera bruja la de nosotras, nos llevaron a "Playa Alta", una casa destinada para recibir visitas, pero solo cabían como unas quince personas, y al resto del grupo le tocaba en "Playa Baja", nosotras al ver el lugar en el que nos íbamos a quedar, y después de ir a mirar el de los demás, nos sentimos engañadas, porque eran muy diferentes, en playa baja habían habitaciones con puerta, ventilador y algunas hasta con televisor, en playa alta no había nada de eso, y nosotras no refutamos tanto por que tuviera o no esas cosas, si no por la igualdad de condiciones, todos pagamos lo mismo y merecemos tener el mismo servicio, así que una de nuestras amigas que es la que pelea por todo, habló con uno de los profesores, y hasta que nos hicieron el cambio, afortunadamente habían unos compañeros que no les importaba quedarse allá y que querían estar entre amigos, entonces ahí hicimos el trueque.
Nos acomodamos en las habitaciones, nos dimos una anhelada y espectacular ducha, el agua allá salía fría, helada, pero cuando uno salía del baño, a los cinco segundos ya estaba sudando otra vez. Nos arreglamos y fuimos a una conferencia con el Señor Edgar y el Señor Orlando Valencia, de ahí llegamos a comer, bueno los demás porque nosotras todavía estábamos con el almuerzo y no teníamos hambre; después algunas personas se fueron a bailar y tomar a la vuelta del hotel, y fue casi en la mitad de la noche cuando ocurrió un suceso inesperado, un huésped del hotel, había entrado a la habitación de dos compañeras mientras ellas no estaban, se metió debajo de la cama, y cuando llegaron, una de ellas empezó a cambiarse, el señor había cogido una cámara de un amigo de ellas que dormía en esa habitación, y le estaba tomando fotos, cuando ellas le vieron la cabeza, el salió riéndose y ellas empezaron a gritar y a llamar a todo el mundo para que las ayudara, porque tenían mucho susto, los amigos de ellas sacaron al señor y creo que le alcanzaron a pegar, uno de los profesores les dijo a todos lo que estaban por ahí que se encerraran en las habitaciones y que no salieran por nada del mundo, por que el señor había dicho que tenía un arma y entonces ahí si todos se asustaron más. De nosotras cinco, sólo había una en el hotel, el resto estábamos con los demás, bailando y gritando sin tener ni idea de lo que estaba sucediendo con los otros compañeros, de pronto, la que estaba en el hotel me llamó y me dijo que no nos apareciéramos por allá que había un despelote, y yo le dije a las demás, pero al cabo de un rato, nos cansamos y nos fuimos y cuando llegamos al hotel, estaban todos afuera, hablando, peleando, reclamando; cuando llegamos el señor ya se había encerrado en su cuarto, así que por así decirlo la situación ya estaba controlada, pero seguíamos con miedo por la amenaza que él hizo del arma, tanta fue la angustia que nos dormimos las cinco en una sola cama, verticalmente. Sudé toda la noche, fuera de eso nos arropamos con una sabana y nos tocaba de lado para poder caber; al día siguiente no entendíamos porque fue que hicimos eso, ya que unas no pudieron dormir bien y además el hecho de tener una cama vacía al lado era absurdo, pero bueno la noche siguiente si dormimos cada una en su habitación.
Al día siguiente nos levantamos con "los gallos", bien tempranito para bañarnos, desayunar y estar listas a la hora fijada, hicimos el recorrido de las cuevas, que fue eterno, nos demoramos como cuatro horas en él, y de regreso veníamos todos cansados, llegamos a la una a bañarnos y almorzar, y nos dieron un tiempo libre para descansar, se tenía planeado hacer el otro recorrido en la tarde, pero como no alcanzó el tiempo, no pudimos hacerlo; alrededor de las seis de la tarde nos llamaron para una conferencia, la cual fue igual de larga.
Ese día los profesores nos dieron permiso de hacer una integración, y se supone que íbamos a estar en la discoteca del pueblo, pero cuando fuimos estaba llena, entonces nos acomodamos en el lugar donde habíamos estado la noche anterior; con mis amiga reunimos plata y compramos “arrechón” que es una bebida con licor que la hacen allá mismo, a mi no me gustó, y no pude saber que le echaban, pero pude sentir que tenia grumos o pepitas pero no se dé que eran. Esa noche era regia, estábamos juntos, bailando, riéndonos, y cuando todo se estaba poniendo mejor, con la mejor música y todo, los profesores nos apagaron la música y nos mandaron a dormir, obviamente nadie se quería ir, pues ya estábamos enlistados, pero nos mandaron para el hotel y no se fue de allí hasta estar seguro que de que ya todos estábamos en los cuartos durmiendo; claro que la intención era volver cuando él se fuera para playa alta, que quedaba un tanto retirada, pero no nos dejó y pues nosotras cinco no esperamos mas y nos acostamos a dormir, algunos si se quedaron tomando y escuchando música en los cuartos, pero igual no salieron mas.
Al día siguiente madrugamos menos, pero igual estuvimos listos a la hora establecida, pero esta vez, los profesores que estaban hospedados en playa alta, se demoraron para bajar y para empezar el recorrido, menos mal ese día nos tocaba el recorrido corto que era el de la cascada y el río San Cipriano, así que llegamos poco antes de la hora del almuerzo.
Llegamos, nos bañamos, almorzamos, y organizamos maleta porque ya nos teníamos que devolver, el viaje solo duraba tres días, nos devolvimos de nuevo en las brujas, pero como hay una sola vía, y es tan larga, generalmente se encuentran brujas de ida y de regreso y varias veces hasta se topan con el tren, a nosotros no nos tocó ver el tren, pero si parar varias veces a esperar que las brujas que venían, se bajaran de la carrilera. Luego llegamos a Córdoba de nuevo, donde estaban los buses esperándonos, pusimos las maletas en el portaequipajes y nos subimos al bus, ¡Que calor!, en San Cipriano no se sentía tanto el calor como en Córdoba y en Buenaventura, era impresionante, ni yo que se supone que estoy acostumbrada al calor de la costa, porque soy de allá, me pude acoplar a ese clima, pero había un señor con paletas y helados vendiendo, y ahí se hizo buena plata, porque todos estábamos desbocados comparando bebidas y alimentos fríos.
Emprendimos camino de regreso a la casita, todos cayeron apenas arrancó el bus, estábamos cansados y con sueño acumulado por los trasnochos y madrugadas que nos dimos, yo no pude dormir, porque un amigo se me sentó al lado y nos pusimos a hablar, aunque yo si tenía mucho sueño, quería seguir hablando con él, porque era mi novio de salida, ya no recuerdo bien cómo fue que nos volvimos novios, solo sé que una de mis amigas se puso a molestar con el diciéndole que fuéramos novios por esos tres días de la salida, y yo pensé que era molestado, entonces accedí, y el también, pero no era ni tan molestando, por que cuando llegamos a Pereira, seguimos hablando, el me llamaba, hablamos por facebook, en la universidad, y ahí vamos, pues ahora no somos nada, pero no sé que pueda pasar.
Alrededor de las seis y media llegamos a Buga para ver la Basílica del Señor de los Milagros, nos dieron un tiempo para ir a verla, tomar fotos, comprar algo y hasta rezar, yo no hice nada de eso, solo entré a la iglesia, tomé las fotos y salí, en estos momentos estoy en proceso de análisis de mis creencias, porque en mi casa toda la vida me han enseñado la religión católica, me bautizaron e hice la primera comunión por esa religión; mi mamá me obligaba a ir a misa, y habían días en que yo no quería ir, por razones varias, pero aún así, me llevaba y pues, yo ya la conocía, y si yo no hacía lo que ella me decía, iba a tener consecuencias. Ahora que estoy viviendo lejos de casa, no me puede obligar a hacer nada, así que ya no voy a misa, porque simplemente no estoy de acuerdo con las iglesias ni con los padres, y nunca entendí por que debíamos ir cuando no queríamos, además de que mi padre tampoco iba y daba las mismas razones que doy yo ahora, así que estoy siguiendo el ejemplo, al igual que mi hermano.
Después de estar un rato ahí, subimos otra vez al bus y ahora si directo para Pereira, yo me bajé en el intercambiador de cuba, con otras dos amigas, y de ahí me fui en un alimentador para la casa; llegué a las diez de la noche, todos estaban durmiendo, y yo estaba cansada, pero no me podía dormir porque tenía que sacar la ropa que traía sucia y mojada para que no oliera peor de lo que ya olía; organicé todo y me acosté a dormir como una dulce bebé.


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